El cartero que se hizo de oro desde su apartamento en Manhattan – Noticias de Tecnología

El cartero que se hizo de oro desde su apartamento en Manhattan

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No puede decirse que a Chris Johnson le fueran particularmente mal las cosas. Su estable empleo de cartero no le permitía darse la gran vida, pero al menos sí para cubrir sus gastos y llevar una vida lejos de los lujos en un minúsculo apartamento de Manhattan. Su nómina en US Postal Service (el equivalente a Correos en España) le permitía también pequeños excesos en su gran pasión: los gagdets.

Johnson era uno de esos frikis que no dudaban en ponerse en la cola de madrugada en la Apple Store de turno ante el lanzamiento de un nuevo iPhone. Fue precisamente en una de estas esperas al raso cuando le sobrevino una reflexión: ¿por qué toda esa gente hacía cola? ¿cómo podría aprovecharse del tirón de un producto como el iPhone?

Planteadas estas cuestiones, nuestro protagonista urdió un plan que muchos business angels tacharían de suicida en la época: crear una tienda on-line de accesorios para el iPhone. Estamos hablando de 2011, cuando la web estaba ya surtida de cientos de negocios similares y de grandes dimensiones.

Aprovechando el tirón del ‘crowdfunding’

Sin embargo y con poco que perder, Johnson continuó con su peregrina idea. No cabe duda de que los bajos costes de arranque de la plataforma para crear tiendas online Shopify facilitaron las cosas: por adquirir una cuenta apenas pagó 150 dólares, y donde sí se puso el asunto un poco más serio fue en el desembolso inicial de stock: 2.500 dólares en pequeños cables y cargadores para el terminal de Apple. No importaba. Algo le decía que aquello iba a salir bien, y su experiencia como cartero le sirvió para organizar su pequeño inventario en el minúsculo apartamento neoyorkino.

Por el momento, no asumió riesgos de vida o muerte, pero tampoco parecía que se fuese a ganar la vida con esta incipiente startup. Pero como quiera que el azar siempre ayuda a los que más arriesgan, el negocio coincidió en el tiempo con el tirón de Kickstarter. El crowdfunding se puso de moda de la noche a la mañana y esto supuso un claro punto de inflexión para su negocio: ByteMyApple.co.

Hasta la fecha, su pequeña web se estaba pegando cara a cara con los gigantes del 2.0 y sin economías de escala ni grandes factores diferenciales, no contaba con ninguna ventaja. Pero pronto se fijó en una característica de Kickstarter y en general de los proyectos financiados mediante crowdfunding: eran la parrilla de salida para ideas geniales no vistas hasta la fecha en el mercado, pero que al igual que su negocio, carecían de la estructura y dimensiones pertinentes para salir a lo grande a la red.

Una web para accesorios alternativos

De repente lo vio claro. ¿Y si ByMyApple se convertía en el punto de venta de aquellos alocados productos? Lo cierto es que su tienda era una plataforma muy apropiada para los kickstarters: el negocio lo componía él solo, no exigía condiciones draconianas y poco a poco iba haciéndose con una cartera de clientes siempre sedienta de comprar algo diferente en el saturado mercado de accesorios del iPhone.

Fue un matrimonio perfecto, un flechazo instantáneo. Su pequeño sitio dio cabida a accesorios estrella como Olloclip y por cada accesorio que vendía su negocio se quedaba con un jugoso 40% de comisión, nada desdeñable si tenemos en cuenta que tanto el almacén como la distribución eran gestionados en una de las paredes de su estudio.

Johnson fue hábil a la hora de simplificar y subcontratar todo aquello que alguien podía hacer mejor que él y desde luego, a menor coste: mantuvo su tienda en Shopify y la gestión del pago la delegó en Paypal. Su negocio en la red se convirtió en el lugar ideal para comprar rarezas y accesorios alternativos, y el bullicioso ritmo de Kickstarter era un semillero perfecto para que el catálogo ofreciera siempre el último grito en este boyante mercado.

500.000 dólares y su primer empleado

Ni sociedades de capital riesgo ni grandes gurús que apadrinaran su idea. El astuto cartero supo tejer bien su propia red con una fórmula tan vieja como infalible: costos al mínimo, un producto con tirón, y un servicio excelente, el proporcionado por quien vive de cada céntimo que entra en caja.

Tacita a tacita nos situamos en 2013, y hace ya tiempo que Johnson cambió el reparto de sobres por el clic del ratón. Este año espera facturar 500.000 dólares y como gran novedad, incorporar su primer empleado, que compartirá el entusiasmo de este emprendedor entre las cuatro paredes de los 50 metros cuadrados de su estudio de Manhattan.

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